Sé bien que no soy experto en caricaturas, ni cómics ni animes, ni nada eso. Pero no se trata simplemente de eso. Desde antaño cada día o cuando se daba la oportunidad, uno se dirigía al puesto de periódico a comprar un diario misio, o uno de noble calado, y a ver de paso las portadas del Chesu, o darse un aguayte a los dibujos de los tíos Karry, Crose y otros más.

Debido seguro a razones económicas, la periódica salida de estas publicaciones fueron terminándose. Recuerdo con alegría y nostalgia las sugestivas portadas del Chesu (seguro que aún se vende), ese humor ácido y esa crítica y burlona ironía presentes en sus titulares.
Hace algunos años, pude leer “las aventuras del Perro Lito”, desde entonces quedé fascinado con este cómic, que contenía el humor escrito y dibujado más morboso y sincero que había leído y visto.
Hasta ahora y desde entonces, no dejo de reír con todas sus aventuras. Sucede lo mismo con los otros personajes de David Galliquio, cada quien sumido en su esencia y rasgos propios.
Divertida y socialmente únicos, el perro Lito y su creador, a mi parecer, abren un nuevo sistema de expresión, no nuevo por lo novedoso del cómic o la caricatura, sino por el sistema de distribución, el lenguaje tan sugestivo y popular, así como el poder alegórico y documental de sus imágenes, cuadros, viñetas, textos y personajes.
Junto a Caraxoman, Trolo, Lito y toda le gente y personajes del ambiente gráfico el humor con desparpajo no se siente alejado de la realidad. Es parte del mundo, de la Lima, del Perú en el que nacimos vivimos y pretendemos ser.
Vean algo de lo que hace Galliquio:




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