domingo, 13 de diciembre de 2009

Comando de la “Muerte”

Mentiras insolentes



“En el Perú nunca ha habido comandos de la muerte”
Alan García Pérez – Presidente de la república peruana, antes los medios, después del sonado caso de las muertes extrajudiciales en Trujillo.

Debido al caso de los “pishtacos”, que resultó una enorme cortina de humo, el país se vio intrigado por aceptar o rechazar lo que detrás de dicha mentira existía. En realidad; lo que se tapaba, eran las múltiples muertes ocurridas en Trujillo y en Huánuco, supuestamente ejecutadas por un grupo policial sindicado como “Comando de la muerte” y imputada por éste a la lucha antidelincuencia en la primera ciudad, y al ataque de los “robagrasa”, en Huánuco.
La mayoría de estos muertos resultaron ser ladrones o agentes considerados antisociales. Lo que la opinión pública debe preguntarse es si realmente aquellos muertos eran delincuentes; puesto que muchos gobiernos han utilizado a beneficio y para atacar y aniquilar opositores, comandos o grupos como el antes mencionado. Además; dados los antecedentes del APRA, como organización política y a la vez subversiva, nada los aleja del ojo de la sospecha. Cabe recordar que muchos dirigentes sindicales, políticos y opositores perecieron durante el primer gobierno del inefable mandatario equino. Está el caso de los muertos en la penitenciaría de Castro- Castro, en la Isla El frontón, la muerte del líder Jesús Oropesa Chonta en Lucanas; los llamados mártires de Huchuraccay, y los de Ccayara en Ayacucho, etc., etc.; siendo la lista larguísima.
La historia del APRA está teñida de sangre opositora a sus supuestas acciones de reivindicación y revolución, a su declarado (ni Haya se comía esa mentira) antiimperialismo. La historia y los medios judiciales han más que evidenciado, comprobado, la existencia de facciones radicales y de operación por ejecución sistemática como el “comando Rodrigo Franco”.
Hoy, no basta ver las atrocidades que comenten sus altos funcionarios malgastando envilecidamente los recursos nacionales, hipotecando el territorio, copando las áreas estatales y lucrando con la dignidad de un pueblo ya harto, cansado, embrutecido; y lo peor, bombardeado por cuantiosa publicidad de “avance” y “crecimiento”, productos de la mecánica publicitaria estatal y medios. Se deben tomar acciones.
Arengo a la reflexión, al análisis, a la crítica y a la lucha solidaria por una patria justa, con identidad, libre de lacras, ajena a los prejuicios, educada y soberana.

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