Pharacha, jamuy
Para muchas regiones del mundo la lluvia resulta vital y necesaria para la subsistencia tanto humana como espacial. Lamentablemente, con los cambios ocurridos en el planeta, tanto el clima como el tiempo de diversas regiones del orbe se ve afectada mínima o significativamente. Sucede ello, en la zona sur de Ayacucho, específicamente en las provincias de Lucanas, Parinacochas y Paúcar del Sara sara. Los lugareños creen que las pagapas a la tierra (pacha) no han sido las esperadas por ella o se las ha realizado equivocadamente generando el desagrado de la madre tierra. Esto resulta preocupante pues los pastos por la ausencia de lluvias no brotan, ni reverdecen los campos; con ello los animales no tienen de que alimentarse. Los ríos disminuyen su caudal, los puquiales se secan, los peces desaparecen. En fin la vida cede ante la muerte. La lluvia por ello constituye un delicado puente entre la vida y la tierra.
Recuerdo con alegría la vez que llevamos la lluvia a Lucanas. Les resultará increíble, pero fue así. Con mis padres viajamos a Marcona, en Ica y recogimos agua del mar en una botella de dos litros. Rumbo a Puquio, ya en Nazca, comenzó a garuar en pleno verano en aquella zona desértica. Al llegar al pueblo de Jochapata, el cielo comenzó a encapotarse, oscurecieron las nubes y comenzaron a caer gotas gruesas, pero aún no había comenzado todo. Al día siguiente de la llegada, mis familiares marcharon hasta una seña (lugar de paga). Allí un pongo o curandero realizó la paga con mucha fe. Después de algunas horas, con el cielo ya cargado de espesas y enormes nubes, comenzó un largo aguacero que duró hasta el día siguiente. La lluvia no se fue durantes casi un mes, tiempo suficiente para que la tierra, irrigada por el cielo vuelta a recobrar lozanía verdolaga. Las quebradas y los ríos fulgieron insistentemente, crecieron flores hermosas y de muchos colores; se notaba cierta feliz serenidad en todas las cosas y seres, desde la más sencilla de las aves, la vaquilla más dañera, la piedra más oscura, la nube más oculta.
Espero que alguien pueda llevar el mar a Lucanas. Si fuera solo, como siempre lo ha hecho, sería estupendo. Ojalá llueva. Ojala.
Lluvia, justa lluvia.
lunes, 25 de enero de 2010
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