Muchas tardes
La agonía
de la tarde amada donde veo
la agonía.
No agoniza la tarde si no
todos los rumbos del cielo
cayéndose a pedazos
naranjas,
que alguna nube supo formar.
El valle huancho se limita
a contemplar tan formidable
suceso de purezas propias:
el cielo estrellado sobre sí
envuelto en las llamas
del sueño vaporoso,
como si se quemara
o como si todos los días
fueran a estallar de aquellos
colores, como si la sangre
tornara al sol que se va,
mientras contemplamos el
sacrificio de los apus y montañas.
martes, 5 de enero de 2010
Tarde en San Juan de Lurigancho
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