miércoles, 23 de julio de 2008

A imitación de Cristo un hombre puede vivir

A imitación de Cristo un hombre puede vivir


A imitación de Cristo un hombre puede vivir
pobre en la pobreza
de ir dando lo que no tiene
y sin modelo augusto no poder ser sesgo
aunque valiera un milagro
sin aparecérsele el tormento
del castigo en madera encarnado,
aunque todos dijeran que más
y esperasen la llamada del perdón.

A imitación de un hombre
en abundancia escribe la silueta
del pueril maestro
que tintinea los huesos en cabestro
la alquimia pura del abominable
secreto de los verbos
sin poder ser o resignarse nuevamente
a la pregunta de si le sigo.
Lo esperaría aunque no volviera pasar.

Copia o sombra, pez o mar
sin tener la profética misión
de acercársenos entre los siglos del fuego
a esta puerta mía donde se sufre
la punta del tormento que pasando vive
cadavérico y glandular
por donde no puede pasar su palabra
a esta lengua mía que después
sé que lo rechazará en comunión.

A imitación no.
A verdad. Alguna vez se dejará
volver su mancha de mandamiento
para que no se nos pueda borrar
el intento de su hombre
que quiso ser como yo y ella
la primera piedra en ser lanzada.

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